Trabajar desde pequeño
Ramón terminó el primario y no pudo seguir con sus estudios secundarios porque tuvo que empezar a trabajar. Buscó siempre la forma de seguir capacitándose en los oficios de carpintería y electricidad en el poco tiempo libre que le quedaba.
Malvinas y el regreso

Ramón a los 18 años posando con su uniforme de la Armada.
A los 18 años, un 28 de agosto de 1981, se embarcó en el ARA Veinticinco de Mayo, el único portaaviones argentino que participó del conflicto de Malvinas. Trabajaba en el centro de control de averías y llevaba solo unos meses en la Armada cuando le tocó vivir la guerra.
Al regresar, para los excombatientes era difícil conseguir trabajo. Ramón volvió a la cosecha de limón y a la albañilería.

Ramón posando con sus compañeros de servicio de la Armada.
Hoy es preside la Fundación de Veteranos de Guerra de Malvinas de Yerba Buena. Su misión es que los excombatientes y su lucha no pasen al olvido. Junto a otros veteranos visita colegios para contar sus historias: cada uno tiene la suya, pero todas están atravesadas por su paso por las islas. “En las charlas hablo de Malvinas y de la importancia de estudiar.”

Ramón, durante su discurso en el acto por el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, al cumplirse 40 años del conflicto.
Un sueño que esperó años
“Estudiar fue para mí un desafío muy importante”, dice Ramón. Ya lo había intentado antes, pero el trabajo, la responsabilidad y los tiempos no siempre lo acompañaron. Sin embargo, su deseo persistió.
Cuando miraba a sus hijos, ya grandes, egresados y estudiando, entendió que le tocaba a él dar el ejemplo. “Me siento el espejo de mi familia”, dice, y fue con la ayuda de ellos que pudo incorporar el hábito del estudio. “Quería cumplir mi sueño de terminar el secundario desde hace muchos años. En el ICE encontré el lugar para hacerlo”.
Lo primero que destaca es el acompañamiento de los docentes: “Me parecía muy motivador y me ilusionaba”. También está agradecido porque en el instituto “respetan los valores de las personas". Lo que más disfrutó fueron las materias con exposiciones orales.
Ramón valora el impacto del Proyecto de Microemprendimiento, donde los estudiantes arman en grupo sus proyectos finales. Destaca que les brinda herramientas para su organización laboral, además del crecimiento profesional y económico.
Lo que queda
“Lo más preciado en la vida es el tiempo, es muy valioso y hay que aprovecharlo”, reflexiona. Hoy, con su diploma en mano, dice que se siente orgulloso de haber alcanzado este logro y que quiere compartir “la satisfacción de demostrar que sí se puede”. Su mensaje, para estudiantes y para quien esté dudando, es que “para estudiar no hay edad.”

Ramón durante el acto de colación, recibiendo un aplauso de reconocimiento por su servicio a la Patria.
Historias como la de Ramón son nuestra visión hecha realidad: ser el puente para conquistar la realización profesional y humana a través de la educación innovadora. Seguimos acompañando a nuestros estudiantes y brindándoles herramientas para construir su futuro y concretar sus metas.